Published On: Mie, Abr 19th, 2017

Se quedó con la boca abierta al encontrar el mantel que había hecho 35 años antes

Un joven pastor y su mujer eran nuevos en el vecindario cuando se enfrentaron al primer desastre en su iglesia, debido a una gran tormenta que afectó a la zona cerca de Navidad. Lo que sucedió después fue un milagro hecho posible gracias a la amabilidad de la gente.

El nuevo pastor y su mujer, recientemente asignados por el primer ministro para reabrir una iglesia suburbana de Brooklyn, llegaron en octubre emocionados por esta nueva oportunidad. Cuando vieron la iglesia, estaba en ruinas y necesitaba mucho trabajo. Pero, en seguida, se pusieron manos a la obra para tenerla lista para dar su primer servicio el día de Nochebuena.

Trabajaron duro, arreglaron los bancos de la iglesia, enlucieron las paredes, pintaron y el 18 de diciembre estaba a punto de terminar, por lo que iban según el calendario que se había propuesto.

El 19 de Diciembre empezó un terrible temporal, que duró dos días.

El día 21, el pastor volvió a la iglesia. Se quedó destrozado al descubrir que la chimenea había tenido una fuga, provocando que un área de unos 6 x 2,5 metros del enlucido de la pared se hubiese derrumbado justo detrás del púlpito.

El pastor lo limpió todo sabiendo que iba a tener que posponer el servicio de Nochebuena.

De camino a casa, vio que un comercio de la zona tenía un mercadillo benéfico, y se paró en él. Uno de los objetos que había era un precioso mantel de crochet, hecho a mano de forma exquisita, muy colorido y con una cruz en medio. Era perfecto para cubrir en agujero que se había formado en la pared. Lo compró y volvió a la iglesia.

Había empezado a nevar. Una mujer mayor corría en dirección contraria para coger el bus. Lo perdió. El pastor la invitó a que esperara dentro de la iglesia hasta el próximo, que era 45 minutos después, para que estuviera más calentita.Se sentó en uno de los bancos sin prestarle atención al pastor que cogió las escaleras, los ganchos… para colocar el mantel como un tapiz en la pared. El pastor no se podía creer lo bien que quedaba y cómo tapaba todo el agujero.

Entonces se dio cuenta de que la mujer se estaba acercando. Tenía la cara completamente blanca. “Pastor”, le dijo, “¿dónde ha conseguido ese mantel?”

El pastor se lo explicó. La mujer le pidió que la dejara acercarse para comprobar si en la esquina de abajo a la derecha tenía las iniciales EBG. Allí estaban.

Eran sus iniciales. Ella había hecho ese mantel 35 años antes, en Austria.

A la mujer le costó creer cómo el pastor había conseguido aquel mantel. Le explicó al pastor que antes de la guerra ella y su marido eran una adinerada familia en Austria.

Cuando llegaron los nazis, ella se vio obligada a salir del país. Su marido se iba a reunir con ella una semana después. Pero fue capturado, enviado a prisión y nunca volvió a verlo.

El pastor quiso devolverle el mantel, pero ella lo convenció para que se lo quedara para la iglesia.

El servicio del día de Nochebuena fue maravilloso. La iglesia estaba llena. La música y el espíritu eran indescriptibles. Al final del oficio, el pastor y su mujer saludaron a todos en la salida y la mayoría les dijeron que volverían.

Un señor mayor, que el pastor conocía del vecindario, se sentó en uno de los bancos y se quedó allí, hasta que el pastor se acercó a preguntarle por qué no se iba.

El hombre le preguntó que de dónde había sacado el mantel de la pared porque él había tenido uno idéntico hace muchos años cuando vivía en Austria antes de la guerra.

Le explicó al pastor que cuando llegaron los nazis, obligó a su mujer a marcharse para que estuviera a salvo y que él pensaba volver con ella, pero fue capturado y metido en prisión. Y que nunca había vuelto a ver a su mujer en 35 años.

El pastor le preguntó si le permitía que lo llevara a un sitio en coche. Condujo hasta Staten Island, a la misma casa a la que había llevado a la mujer tres días antes.

Ayudó al hombre a subir las tres plantas hasta el apartamento de la mujer, llamó a la puerta y contempló el reencuentro más bonito que había vivido nunca.

Hay momentos en la vida en los que los planetas se alinean. El momento y el lugar perfecto para que algo magnífico suceda. Y cuando esto ocurre, no es una simple coincidencia. Tenía que ser así. ¡Qué pequeño es el mundo!

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Imagen de portada:Pressmaster / Shutterstock
Fuente: hrtwarming